Desde el 2 de enero hasta mitad de febrero de 2013, realicé cien notas de facebook con lecturas de poesía publicada en el país desde los últimos días de 2011 hasta los primeros de 2013. La selección, que llevaba el mismo título que este blog, abarcó textos que aparecieron en papel y en blogs, tanto de poetas como de traductores de distintos lugares de la Argentina. Las que denominé "entregas de poesía" también incluyeron doce "yapitas": otras notas con videos y audios de lecturas de poesía en distintos tipos de experiencias.

En los últimos días de diciembre de 2013, decidí reunir todo ese material en este blog, más algunos agregados de libros que también se publicaron en 2012 y que no había llegado a incluir en la primera selección.

No hace falta aclarar que estos textos no agotan toda la poesía publicada durante ese año, pero intenta ser un aporte que muestre las variadas y valiosas poéticas que podemos leer actualmente en el país.

viernes, 29 de mayo de 2015

Jorge Chiesa



Jorge Chiesa (Mar del Plata), Un invierno ruso, Olmo Ediciones, Buenos Aires, 2012.

Colaboración de Valeria Pariso.



















1

Desde el colectivo en movimiento
se queda mirando un pueblo
llamado Coronel Vidal.
Sea de día, sea de noche,
nunca nada se mueve
en esa clase de pueblos.
Nadie alzando la mano,
invitándolo a bajar.
Ningún gesto de amparo
en medio de tanta
desolación.







2

A lo mejor quiero decir la imagen sesgada de un pueblo
viviendo solo en la llanura,
o de unas pocas almas viviendo una vida de pueblo:
casas de ventanas y puertas abiertas
de gente que barre la vereda bajo la luz tenue
o anda en bicicleta al ritmo de los perros.
A lo mejor quiero decir todo eso
en el ojo de un observador que se desplaza,
durante todo un invierno entre dos ciudades,
tironeando entre lo que se posee
y no se posee.







14

Soñar con un plato de comida y una cama
luego de un trabajo pesado
es todo lo que pido.
Dormir en el interior de un iglú,
junto al calor de los rescoldos.
Pasar una temporada aprendiendo de los esquimales
que viven en casas idénticas y encienden un único fuego.
 







20

Internarse en ese bosque
y juntar unas cuantas ramitas,
cortezas, astillas de pino seco.
Una tarea para la que sólo se necesitan
ojos, manos y piernas.
No es poco, claro,
tener ojos, manos y piernas.
Poder internarse en el bosque,
encontrar unas cuantas ramitas,
cortezas, astillas de pino seco.













jueves, 28 de mayo de 2015

Florencia Fragasso



Florencia Fragasso (CABA), Sinestesia, plaqueta, Ediciones Presente, Buenos Aires, 2012.






















Homenaje



Las azaleas
fueron plantadas para conmemorar
el día en que la decisión
se tomó finalmente

Crecieron en un murmullo
y se volvieron casi gente
con sus hábitos y sus temas
aunque más bien silenciosas

Cada tanto las miramos
o las vemos de reojo en medio de una charla
descansada y trivial

Sé que también en tu memoria hay un sacudón,
de algo nos avisan y es reconfortante
pero ninguno puede decir a ciencia cierta
qué conmemoran
olvidamos la causa del homenaje
por eso ni tocamos el tema

Noté esta mañana que la cocina
ya está tomada hasta la mitad













Melodrama



La cantidad de padres de tu contextura
y niños de su edad aproximada
que vi esa tarde
jugando juntos
cuando pasaban los minutos y ustedes
no aparecían
en la plaza con nombre de condesa
donde habíamos quedado en encontrarnos

La cantidad de ambulancias
que creí oir
enloquecidas por la calle
anunciando una tragedia extranjera

En la prensa al otro día un intraducible titular
“argentinos desmaterializados eran en realidad
pura ilusión”

























jueves, 21 de mayo de 2015

Eloísa Oliva




Eloísa Oliva (Córdoba), El tiempo en Ontario, Nudista, Córdoba, 2012.






















Maggie

Le gusta ir en ómnibus a la oficina
poner en un walkman
viejos casetes de su mamá: guitarras y
voces lentas, desesperados cantos
de amor y paz. Maggie
no entiende esa desesperación:
el mundo es una superficie, y no hay
mucho más
que preguntar. Sin embargo, parece
una niña otra vez
esta mañana de mayo
mientras escucha canciones
camino al trabajo, y recuerda la luz
de la primavera en el océano.









Eloísa

Arriba
de un trolebús
fabricado en Rusia
recorre el trayecto
que conecta la noche
a la mañana. El sueño a
la oficina.
Sobre las sierras
flotan las nubes. Un guardia abre
una puerta espejada.
Son las seis y cuarto en Winnipeg.
En Minesotta, las seis y cuarto.
En Manila, el día terminó. En el octavo piso
de este edificio de oficinas,
ocho de la mañana de un día laboral.
Enciende la computadora,
se loguea, Maggie Sue
dejó asignado el objetivo:
control de 3.5
llamadas cada hora.
Y empieza
aunque sabe
que no lo va a lograr, que ni siquiera
va a intentar lograrlo. Su computadora es
sólo el principio de
todas las voces, de
todas las historias.
Hasta las cuatro, escucha.








 

lunes, 18 de mayo de 2015

Sergio Mattano




Sergio Mattano (CABA/Moreno, Buenos Aires), CANOPE (Subpoemas) [Lenguaraz, 2009], Chorizo Brujo Ediciones, 2012; edición digital, Calaméo e Issue, 2014.



















La máquina de facer churizos

¿Qué escriben los poetas
cuando verso los abandona?
¿Imprimen los vericuetos poéticos del posmo?
¿Asustan a su madre con un dossier de Trotsky?
¿Cuelgan un póster de Flaubert?
Cuando la misma neurona
/que arrogante enfrentaba el ocio
de las manos con cal/
se queda postrada de tropos
¿Visita los cuarteles de inferno?
¿Llena crucigramas con foto de perón?
¿Lee maikovsky para ultrajarle iconos?
¿Sueña el tren que lo arrolla junto a una muda
mujer desnuda que su boca amordaza?
¿Se putea con Nicanor?
Cuando lo humilla el silencio
que combate ansioso de enemigos
¿Se jura dirimir las penas de sus colegas?
¿Se enreda en los escotes de Raab
salvándola  por su obra?
¿Bebe con chuker el café literario
o barrabasea huidóbrinamente a neftalí?
Cuando la mano se le infecta de pelos
por tanta masturbación metapoética
¿le sorbe los pechos a Alejandra
hasta quitarle la pelusa virgen?
¿Visita el vientre de su amada
mientras ella amanece más Safo?
¿se cuelga estampitas de haroldo y paco
dedicándoles el primer cloro de la mañana?
¿santifica los sábalos, los penes,
el agua caliente, la sombra,
la hija del vecino, el fernet que la embriaga,
a los católicos contra los turcos, a mahoma frente a cristo,
al papa anterior que tenía forma de pera machuca,
al guerrillero que ya muerto engendraba vida?

Se apaga la máquina
de facer churizos:
mirar
nombrar dos palomas
que en el acto desaparecen
y no decir
que las palabras
inventan
la
nada. 













Canto Cinco

                                                   “Se sienta a la mesa y escribe”
                                                                                Juan Gelman

Ahora es mañana.
mi pelo se enreda
entre los lentes
mi boca tiene besos
de café
poco, vicente, tengo de dios
y sin embargo

Ahora es mañana
mi piel se deshace
de la piel de ayer
de la sábana ya cansada
de abrigarme
poco, huidobro, tengo de fe
y sin embargo










sábado, 11 de abril de 2015

Claudio Archubi



Claudio Archubi (Mar del Plata/CABA), Sísifo en el Norte, Ruinas Circulares, Buenos Aires, 2012.






















             Sueño que voy al Norte.

          ¿Hacia dónde mirar si ya se está en el Norte?
          Se movieron las grandes aspas de la
conciencia. Giraron con el viento. No luché contra
ellas.

         Un viaje a la espera del fruto tardío.
         Al lugar más pesado, al más antiguo.

        Para dejarlo todo, mientras los grandes
monumentos desfilan bajo el crepúsculo.
        Para ver el camino y sus cáscaras, sus 
palabras fijas.

        Baja la raíz, pero no se detiene cuando se
encuentra con la piedra.
        Así lo familiar no se detiene cuando se toca
con lo extraño, así mi mano escarba Europa.
        Amplio es el rodeo.












        Veo cómo las razas se entrecruzan. Rápidas
son las velocidades del Norte, estrecho el territorio.
Toco la superficie.
        Distinta la pulpa, idéntico el carozo.

        Gira la cáscara del presente, gira rápido,
bulliciosa. Me muevo en silencio sobre ella flotando
como un chino sobre papel de arroz.
        Cuán liviana la totalidad, cuán fría su
moneda.














         El no nacido se cierne sobre mí, atrapado por
las paredes del cambio. Voy dejando cosas en el Norte.
Pero mi piedra va conmigo.

        Las estatuas están quietas bajo la lluvia,
abrazadas por las raíces, unidas a los grandes árboles
de la belleza.

       Pronuncian su palabra lenta, la pronuncian
para mí: 'llevas tu piedra, también nos llevas'.
















sábado, 14 de marzo de 2015

Costa sin mar / Jorge Posada




Costa sin mar /Jorge Posada (México), Adiós a Croacia, Zindo & Gafuri, Buenos Aires, 2012.



























sobre la calle ha llovido
sobre hombres que cargan bolsas
ocultan papeles y su nombre


los miro alejarse
distingo sus sombras
al tirar de las maletas


sobre la calle ha estado la lluvia
sobre los ancianos que no sabrán pronunciar
el país al que los desplazan












la escuela reabrió hace unos días

al fondo del aula
sombrillas e impermeables


una niña
cree es el disfraz
perfecto de los astronautas











rezallah

incendiaron
las camisas
el cabello de los hombres
la fi gura de cerámica que compramos en macedonia
la colección de cinturones
a mi nuera
la caja de té
el alambre del corral
a padre que no despertó












escribe que los arqueólogos
sostienen que la ciudad
desapareció a causa de un meteorito


redacta guías turísticas
para un país que no existió


















jueves, 22 de mayo de 2014

Martín Maigua



Martín Maigua (Córdoba), El mundo no es más que eso, 2a. ed., Nudista, 2012.

















Temporal

Julito aprieta el acelerador a fondo.
No vemos otros autos en la ruta.

La longitud del cemento
se alarga hasta el fin
en una sola línea recta.

Pienso en nuestras vidas
y en este silencio en que el viaje
se ha hundido de a poco
mientras afuera las cosas nos pasan
como relámpagos
en medio de una lluvia.







Camino al súper

Camino al súper,
la última oración del poema que leí en casa
termina por convencerme:
el mundo no es más que mundo
y ninguna otra cosa.

Cruzo la avenida
y el ruido de bocinas detiene
mi concentración.

Llego al lugar
pero antes de entrar
veo que pasás distraída
por las vidrieras de enfrente

y advierto
que de vos en mí
sólo queda una extraña
sensación
donde el mundo
no es más que eso.









jueves, 17 de abril de 2014

Laura Forchetti




Laura Forchetti (Coronel Dorrego/Bahía Blanca, pcia. de Bs. As.), Temprano en el aire, Vacasagrada ediciones, 2010.
















10

duele sobre la mesa
el aire
lleno de jazmines


así el dibujo:
el jazmín intenso
y dos rosas
demasiado
abiertas
en una taza blanca


traje el jazmín del patio
–el primero este diciembre–
ahora no puedo
dejar de mirarlo
la casa se ha vuelto agua
                         de perfume


el contraste denso
entre el jazmín
             recién de blanco
y las dos rosas
            abiertas
            cediendo a la muerte


paso la noche velando
esta imagen
y no hay forma
             de retenerla










17

acaso
preparar alcauciles
requiera
             cerrar los ojos

que guíe la flor
el trabajo
en círculos
sobre
los pétalos

–aunque
entonces
no vería
el corazón
violeta–

pero el alcaucil pide
la desnuda
paciencia
de la mano

             que después
             lastima y oscurece    










lunes, 24 de febrero de 2014

Silvio Mattoni



Silvio Mattoni (Córdoba), Avenida de mayo, Nudista, 2013.

















Número

Amor, estabas en el mundo ya
siete mil setecientos treinta y cinco
días y me llevaste por la noche
a tu rincón, un estudio prestado,
vos aceptaste el sí de tu voz suave
y me recibiste, cuerpo transparente.
Qué juego perdido, cuánto chocar
hasta romper una red invisible,
siete mil setecientos treinta y cinco
días, antes de que encontrara dónde
te habías acurrucado con el pelo
castaño, la piel demandante, tapada,
amor, para crecer lejos de mí.





Persecución

Dormís, en la víspera de tu segundo año
sobre la tierra. Y hace pocos días
estuve a punto de dejar salir
casi un quejido de alegría, persiguiéndote
en un gimnasio escolar lleno de chicos
y sus padres. Corrías, te escapabas
pero sin darte vuelta sentías mis pasos
cerca de tu espaldita vigorosa. De pronto
un coro temible, trágico que se escucha
en los fieles altoparlantes: tengo ya
cuarenta años, mis héores son apenas
nombres, libros, valentías de haber
vivido, pero desaparecen. Mi nombre
está más próximo al eclipse, el tuyo
devuelve a las estrellas otro ciclo.
La música me trajo el vacío que somos.
Las paredes, llenas de dibujos, de réplicas
de pinturas famosas, hechas por manos
que tienen siete, ocho, nueve, y un destino
seguramente utilitario, la tortura: el trabajo.
La paz de tu sueño, el aliento que ritma
este dormir en un pequeño viaje
recuerdan los instantes en que te dabas vuelta
y te reías mirándome seguirte.
Galileo, en tu nombre, vacío como todos,
máscara funeraria de paisajes que nunca
vamos a ver, resplandecían tus dientes,
y en tus pupilas claras creí ver el sentido
de las elipses constantes. Por supuesto
que no lo tienen. Pero dormís, feliz,
como si el mundo no estuviese colgando
del hilo que algún sueño negativo
ató a tus palabras, igual que aquella noche
en que decías soñando: "¡no!, ¡no!, ¡no!"
Me acompañará siempre, en la degradación
inevitable, la manera en que frenabas
y acelerabas por el gran gimnasio
y el sonido pronunciado, la tercera persona,
no yo, ni vos, cuando te preguntaron
quién se golpeó la cabeza: "¡Galileio!" 











Mario Morales



Mario Morales (Pehuajó-Buenos Aires), La distancia infinita. Antología poética 1858-1983, selección y prólogo de María Julia De Ruschi, Fondo de Cultura Económica, 2012.













 [Si las cosas fueran únicamente lo que son]


1

Si las cosas fueran únicamente lo que son,
si persistiéramos en la ambigüedad de nuestros actos
como un cielo que bajara
hasta ser las nubes de otro cielo.

Si envejecer fuera nada más
que no haber nacido nunca,
si cada tumba no fuera el comienzo
o la extensión de otra,
si morir no fuera ser un muerto,
si la mirada brotara naturalmente de las cosas
o después o antes que ellas,
si las máscaras no traicionaran a veces su alrededor
o su madurez más lenta,
si nuestra paciencia prolongara
nada más que por un segundo sus relámpagos
y si cada uno fuera la mitad de su vida
o por lo menos la mitad de sus actos
o la mitad de la mitad.

Pero no.
Cada acción, cada cosa, es para nosotros un encuentro
o un malentendido con algo de nuestro ser
que aún no somos.




2

La resurrección de todos los vivos
en los extremos de polvo del delirio
la resurrección del abrazo la sed
del abrazo en punta
la palabra amor
sin más armas que el grito de arena de las águilas
bajo la lupa sin tiempo
el muro de truenos de la soledad
el gorro frigio de todos los sexos
bajo el plumaje de colillas
bajo el parche total
todos los cabellos están locos
todos los hombres están locos como islas
todas las palabras están barajadas como fósforos
en un mundo o isla de lluvia
en un dado
abre tus ojos como un sol de carne
y me amas como una ceniza inmóvil
y somos un repique de párpados
bajo el mar sin nombre de las fuentes.




3

Silencio de una visión:
sentirnos mirados
por lo que no vemos.

Una imagen que sufre
en otra parecida a las dos.

Ser el blanco
y el sí de lo inexpresable.



 






viernes, 27 de diciembre de 2013

Entrega 100: 17 de febrero de 2013




Clara Fernández Moreno (CABA), El día de la vida, Ediciones del Dock, 2012 (Premio Municipal de Poesía inédita bienio 80/81).












La flecha


hace muchos días o meses o años
como cien
yo era yo
cometías las cosas comunes
eso era antes
ahora
soy solamente la flecha de un arco tendido hacia tu mundo




 Vida de mujer

Vivo allí
donde el sol no entra
ni pan
ni nadie
con prisa siempre
con el corazón en el correo
persiguiendo recetarios perdidos
en valijas imposibles de abrir
vivo
en las sillas que ornaban el consultorio del antiguo médico
junto a la percha donde sus pacientes colgaban el paraguas
y las gotas caían sobre la bandeja de hierro
oxidándola
esos sombreros del campo de las quintas
esos pacientes que llamaban a las puertas de mi padre
cuando tus calles, Venelux, eran plácidos charcos
de agua de la lluvia caída sobre ti, Venelux
cuando la mujer del médico mi madre
jugaba con los muertos de la fiebre amarilla
y a veces encontraba botas
otras un cinturón de cuero
una sotana
vivo
entre tantas cosas que hice
y tantas que haré
recorriendo vidrieras falsas                                                                         
mientras los pálidos del miedo
me empujan
cuando voy
cuando regreso
mientras los otros ensillan sus caballos
y se van a comer




Pasaje Robertson

a mi padre, Baldomero Fernández Moreno

ave
ala de pájaro
cómo se dice
cuando se recuerda un ave unida a un tronco
o la fruta que cae hendiendo las olas
es aquel árbol partido
por enlazarse tanto a las verjas
los cipreses quebrando la punta del viento
la soledad del jardín
la calle Robertson
toda la cuadra
la manzana entera
es la mesa escritorio
la silla sola en mitad de la sala
lo que resta del palpitar de un pecho
los rastros de un padre
cabezas de pájaro creador y ciprés
que caen
se quiebran
entre rocas y brumas
hasta que el quejido del recuerdo cierra mis labios
y yerro la infancia
en el falso mar de pensamientos y palabras






Luminarias

a mi madre, Dalmira López Osornio

hay luces que respiran en la casa
hay despedidas personas
voces que se fueron
idasIdas
VillosVillitos
Blancas conquistadoras
Césares carreristas
quemafortunas
personajes deslumbrantes
que amorosos
persiguen mi figura
quebrar quieren
quebrarme quieren
esos puros sombra total
uno por uno desde el campo estrellado
esa zona
esta noche luciente
Chascomús guarda cuatro
Lamadrid tres
Buenos Aires dos o cinco
y faltan algunos
falta ése que se fue al desierto
amante de los indios
continuamente hereje
falta la monja María de los Ángeles
que arrepentía pecados
en las casas prohibidas
Delma Agustinita
colegio cerval donde aprendieron a matar
a dejarse morir
César Silverio
anotaste tu nombre
en el cristal esmerilado
tuviste también lumbre sobre tus ojos
un futuro imposible de vivir
te cegaron los rebaños más fuertes
vellones mezclados con el pasto
la misma vida te cegó
qué hiciste Silverio
mandando parir a tus diez hijas
con tu galera
tus cascos
tu cancela inicialada
tus carruajes
temporales en el teatro Colón
esplendorosa blanca
pobrecita Dora
madre de endemoniados
y Laura la más lujosa
tomaste el agua que te iba a matar
en la boca del aljibe
agua fresca
ojos frescos
boca fresca
mármol de la pampa húmeda
que te iba a matar
yo estaba naciendo
cuando me detuvo el miedo
tanto miedo tenía
que necesité tres partos
para llegar al mundo
háganme una seña
líbrenme del mal
de alimañas
oh mis tías
pobrecitas







Entrega 99: 17 de febrero de 2013




Claudia Sbolci (Córdoba), CARTE D'UN MONDE PARA LL ÉLE, Alción, diciembre de 2012.













SEPT    /    DUET



Quizás al amor como a la lluvia se llegue
por distracción, repetición o error.

No sé por cuál de los tres,
llegamos hasta aquí,
pero hoy, llueve.
Y es el sonido de la lluvia
ese lugar común
sobre el que revolotean en círculos
los recuerdos con Elle.

Elle fluyendo cual arroyo
arrullada por los grillos.

Elle en el aullido de un coyote
huyendo por el valle,
su llanto subyugado
Elle en el murmullo
de las llantas, las zambullidas
en los hoyos de la calle.

Elle en el chillido onomatopéyico.
de las grullas sobre el muelle.
Elle en el sello, la llave y la escotilla.
Elle en cada detalle.
Elle leyendo en pijamas.

Elle la música cayendo
vertical/oblicua
sobre la resistencia que calla.

“No quiero más tatuaje”,
me dijiste aquel día
desnuda sobre el pasto,
“que el que estas gotas dibujan
sobre mi cuerpo al azar”.

Entonces comprendí por primera vez
el origen de los planetas llenos de grietas
por donde se cuela el sol.

Afuera, la línea imaginaria de la costa,
divide a la tierra en dos.

La ola retrocede
toma impulso y desbarata
por un segundo
el inestable equilibrio
del mundo.

Adentro, un hilo de brisa,
cual Ariadna a su Teseo,
conduce a todo un Océano
por el ojo del laberinto de un caracol.

Batalla Vanal
Elle: agua, agua y más agua.
Yo: tocada, averiada, hundida.

¿Cuánto tarda el mar en ocupar
el espacio abandonado
por los cuerpos?

¡Eureka!, grito,
en el preci(o)so instante
en que te veo resurgir de nuevo entresueños
como extraída  del mismísimo co-seno de un volcán
para refutar de manera impecable
la vieja hipótesis de Arquímedes:
“Todo cuerpo emergido de un fluido
experimenta sobre él
un deseo en dirección contraria
cuya naturaleza es proporcional
a la fuerza del vacío generado”

Debajo de la superficie
el repiqueteo de las gotas
es un fenómeno alien(ante)
que pasa siempre
en otro lugar.

Debajo de la superficie
las palabras se silencian
y naufragan atlántidas.

Detrás de ti, en cambio,
las huellas húmedas desaparecen lentamente
como si otra tú que aún no es
te estuviera siguiendo de cerca
los pasos.







Entrega 98: 17 de febrero de 2013





Fredy Yezzed (de Colombia, actualmente vive en Buenos Aires), El diario inédito del filósofo vienés Ludwig Wittgenstein, Ediciones del Dock, 2012.













5


5          Decid: ¿quién se ha curado de su infancia jamás?

5.1       Habitaciones vacías & altos techos: fue lo que mi madre expulsó de su boca.

5.101   Madre, déjame pintarte las uñas de los pies.

5.11     Todo lo que seremos se concentra desde el nacimiento hasta los siete años de vida. Nuestra poesía
            va comprimida. Año tras año, la abrimos como a una lata de atún de Helsinki: esperando que nos sorprenda
            cerrando un libro, escribiendo un agrio recuerdo sobre la niñez.

5.12     Los cisnes del lago de Neusie aprendieron a volar olvidándose de que su misión era volar; asimismo, el joven
            Ludwig aprendió a pensar olviándose de que su misión era volar.

5.121    Madre, donde quiera que estés, aún sueño con la nieve roja de Suiza.

5.13     El único día en que sentí la piel de mi padre fue la tarde en que me abofeteó por estar leyendo Les fleurs du
           mal. Sólo B. me enseñó a comprenderlo & a tenerle compasión.

5.2       A un poco de alcohol & abismo huele esta época.

5.21     La tragedia de nuestras equivocaciones tiene que ver con el hueso del verbo amar (& su mala conjugación).

5.211   Lo diré. No me avergüenza. La primera vez que escribí un poema fue para odiar a mis compatriotas. Lo
            escribí después de ver un muerto sobre una calle de mi hermoso país.

5.22     Solo el que ha estado en la guerra lo ha intuido: el que mata a un hombre atenta contra el lenguaje. Borra del
            mapa a alguien que dijo antes de partir a la misma guerra: "Mi Sol, espérame para la próxima cosecha".

5.231   Cuando vi por primera vez un avión de guerra, perdí mi creencia en el hombre; & cuando lo vi
            bombardeando Londres, perdí mi creencia en el Cielo, que creó a un hombre, que creó una espina tan letal.

5.232    ¿Dónde, en qué lejanas calles en ruinas de Salzburgo, en qué abandonados patíbulos de Auschwitz, en qué
             pestilentes orinales de Viena: la ecuación perfecta para tumbar estos muros de Sal, esta Sal de los ojos?

5.233    Si miedo no son estos pies helados, esta piel adherida a las costillas & este hermetismo que no deja pasar a
            Dios a través del concreto, yo no que es el miedo. Yo no sé.


(fragmento)








Entrega 97: 14 de febrero de 2013





Florencia Esses (CABA), La cebra que sobra, Ediciones Abran cancha, 2012.













Monstrua asustada

Lola, mi monstrua,
vive asustada,
siempre escondida
bajo mi almohada.

Yo la protejo,
siempre la cuido
de los fantasmas
y los dragones
que viven dentro
de mis cajones.

Yo la protejo,
siempre la cuido
de las tormentas,
los chaparrones,
los alaridos
de los gritones.

Lola, mi monstrua,
vive asustada,
siempre escondida
bajo mi almohada.






Monstruo, monstruito

Monstruo, monstruito,
monstruame tu corazón.
¿Es grande o es chiquitito?
Monstruame solo un poquito.