Desde el 2 de enero hasta mitad de febrero de 2013, realicé cien notas de facebook con lecturas de poesía publicada en el país desde los últimos días de 2011 hasta los primeros de 2013. La selección, que llevaba el mismo título que este blog, abarcó textos que aparecieron en papel y en blogs, tanto de poetas como de traductores de distintos lugares de la Argentina. Las que denominé "entregas de poesía" también incluyeron doce "yapitas": otras notas con videos y audios de lecturas de poesía en distintos tipos de experiencias.

En los últimos días de diciembre de 2013, decidí reunir todo ese material en este blog, más algunos agregados de libros que también se publicaron en 2012 y que no había llegado a incluir en la primera selección.

No hace falta aclarar que estos textos no agotan toda la poesía publicada durante ese año, pero intenta ser un aporte que muestre las variadas y valiosas poéticas que podemos leer actualmente en el país.

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domingo, 22 de diciembre de 2013

Entrega 44: 18 de enero de 2013





Laura García del Castaño (Córdoba), La vida en que sueñas, Ediciones Recovecos, 2012.












No te daría mi colección de cucharas importadas


Ni me tatuaría un brazo
Ni me iría a vivir a tu casa con tu madre
Pero te dibujaría lo que la vida te borre
Te esperaría debajo, en el gran salto
Porque soy todo lo que no has buscado
La arrastrada por tu mayor creciente
La que supo domar al fantasma de tu entrada.


Tomo lo que me sirves, lo picante, lo amargo


Soy lo que dejas afuera a la intemperie,
La que va hasta ese lugar de tu fiesta,
del corazón
de tu hambre


No hay una foto tuya en mi billetera
Nunca retuve tu número, tus claves
No hay nada que nos una
apenas me tenso al esplendor de tu vida
con ese hilo finísimo
con que la luz
sujeta a los insectos.




                *      *      *




                                      La mariposa volará toda una tarde
                                      para reunir una gota de miel
                                                             Dulce María Loynaz




En Groenlandia un hombre caza aves,
escondido en el mismo lugar que sus ancestros.
Las coloca en una bolsa de piel de foca
cose y unta sus junturas,
luego las entierra bajo las rocas hasta el próximo invierno.


Aquí, otro hombre escribe poemas,
escondido detrás de sus antiguas visiones,
en la misma persistencia.
No guardará ni enterrará nada.
Escribirá toda una vida para reunir una gota de silencio.








viernes, 20 de diciembre de 2013

Entrega 2: 2 de enero de 2013




Selva Dipasquale (Buenos Aires), La disipación, Ediciones Recovecos, mayo de 2012.












Viajamos con Oropélida a Morteletes, ciudad a la que nunca debiéramos haber venido. Las barrancas atesoran unos hoyos profundos y delgados. Desde acá arriba diviso una ciénaga. Oropélida salta velozmente de una hondonada a otra como un animal joven. Se ríe. Y desde adentro de algún foso me dice: Quiero ser la madre-topo, quiero ser la madre-topo. Le digo: Salí de ahí, mamá-Oropélida. Se ríe. Desentierra la mitad de la cabeza de un hoyo, los ojos inmensos, se vuelve a esconder.
Me pregunto seriamente por qué habrá tomado esa actitud. Miro la ciénaga... el ventarrón me apalea y provoca una honda desolación. Bajo a caminar por la playa. El lodo me espanta. Un hombre rubio, de unos ojos celestes diabólicos, me alza en sus brazos. No dice nada. Y yo tampoco. Tiene el pelo descuidado y la cara poceada. Trota dentro de la ciénaga sin ninguna dificultad. Vamos y venimos. A pesar de esta corrida enloquecedora logro fijar la vista, allá en lo alto, en las barrancas.
Ella no sólo se mete en los baches naturales sino que los cava. Sale y entra erecta. Y se ramifica de color verde.