Desde el 2 de enero hasta mitad de febrero de 2013, realicé cien notas de facebook con lecturas de poesía publicada en el país desde los últimos días de 2011 hasta los primeros de 2013. La selección, que llevaba el mismo título que este blog, abarcó textos que aparecieron en papel y en blogs, tanto de poetas como de traductores de distintos lugares de la Argentina. Las que denominé "entregas de poesía" también incluyeron doce "yapitas": otras notas con videos y audios de lecturas de poesía en distintos tipos de experiencias.

En los últimos días de diciembre de 2013, decidí reunir todo ese material en este blog, más algunos agregados de libros que también se publicaron en 2012 y que no había llegado a incluir en la primera selección.

No hace falta aclarar que estos textos no agotan toda la poesía publicada durante ese año, pero intenta ser un aporte que muestre las variadas y valiosas poéticas que podemos leer actualmente en el país.

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sábado, 11 de abril de 2015

Claudio Archubi



Claudio Archubi (Mar del Plata/CABA), Sísifo en el Norte, Ruinas Circulares, Buenos Aires, 2012.






















             Sueño que voy al Norte.

          ¿Hacia dónde mirar si ya se está en el Norte?
          Se movieron las grandes aspas de la
conciencia. Giraron con el viento. No luché contra
ellas.

         Un viaje a la espera del fruto tardío.
         Al lugar más pesado, al más antiguo.

        Para dejarlo todo, mientras los grandes
monumentos desfilan bajo el crepúsculo.
        Para ver el camino y sus cáscaras, sus 
palabras fijas.

        Baja la raíz, pero no se detiene cuando se
encuentra con la piedra.
        Así lo familiar no se detiene cuando se toca
con lo extraño, así mi mano escarba Europa.
        Amplio es el rodeo.












        Veo cómo las razas se entrecruzan. Rápidas
son las velocidades del Norte, estrecho el territorio.
Toco la superficie.
        Distinta la pulpa, idéntico el carozo.

        Gira la cáscara del presente, gira rápido,
bulliciosa. Me muevo en silencio sobre ella flotando
como un chino sobre papel de arroz.
        Cuán liviana la totalidad, cuán fría su
moneda.














         El no nacido se cierne sobre mí, atrapado por
las paredes del cambio. Voy dejando cosas en el Norte.
Pero mi piedra va conmigo.

        Las estatuas están quietas bajo la lluvia,
abrazadas por las raíces, unidas a los grandes árboles
de la belleza.

       Pronuncian su palabra lenta, la pronuncian
para mí: 'llevas tu piedra, también nos llevas'.
















viernes, 27 de diciembre de 2013

Entrega 94: 12 de febrero de 2013





Rubén Reches (CABA), Poesía reunida, Ruinas Circulares, 2012.














Moribundo: antes que vengan a coser tus párpados,
antes que el falso nudo se deshaga en el pañuelo
y que las ondas desaparezcan del agua,
querés repetirte con fuerza –como quien memoriza–
el nombre del lugar en donde estuviste y del que te vas.

Pero ya no lográs saber qué fue esa zona
que vos creías tan imperial y populosa
como el país de nada del que, aun viajando, siempre sos ciudadano.
Ante tus ojos ya más de carne que de vidrio
tu única migración se ha reducido a unas palabras empobrecidas y a una pieza.

Ahora que vienen a coser tus párpados
podés correr a gusto por toda la tierra de tu memoria,
pero no te basta eso para determinar qué fue esa luz que te parecía sola e infinita,
qué esas estrellas, ese humo, esas dos manos tuyas,
qué ese acordeón y esa madre.

Ahora te parece posible encerrar a toda aquella variedad en un frasco;
Ahora te parece que podrías ver todos los mares, todos los árboles y las fiestas
con solo mirar una vez a través de un orificio del diámetro de un clavo
practicado en tu tumba.

Pero igual querés gritar de una vez el nombre de la gota de la que empezás a caer,
por un desafío parecido al que hincha las venas
del hombre de nuez y de brazos desnudos,
de pie en ese arrabal de esferas,
que vocifera y vence a otros con palabras;
pero no podés, no podés, moribundo.

Incluso ahora que estés muerto, cuando vuelvas
a tu larga costumbre de no ser nada,
en el instante luego del último punto dado a tus párpados,
recordarás, sí, cada uno de tus milenios idos
y tendrás la exacta clarividencia de todo tu inagotable porvenir,
pero este episodio ínfimo de luz aun del pasado se borrará.

Y no vas a gritar el nombre de la pintada selva
que –última lágrima o fruta inmensas– todavía pende de tus párpados,
ni te erguirás para el rasguño inesperado al cielo,
en tanto que lo que no sabés nombrar se arranca pausadamente de vos,
desprende de toda tu piel un ala,
y ya no temés que la mariposa esté naciendo,
ya ni la querés nombrar,
ya no sabés, no sabés qué dejás, qué se te va, moribundo.







YA SON DE LA BRUMA…
                                            

                                        A la memoria de mi padre, Samuel Moisés Reches



                                         Así se sentaron con él en tierra por
                                         siete días y siete noches y ninguno le
                                         hablaba palabra, porque veían que
                                         el dolor era muy grande.
                                                                               Job 2:13



Ya son de la bruma tus cincuenta años de doblarte sobre las telas
y el Hoy raspa tu alma como los frenos de un tren.

Quisiste con la aguja fundar una dinastía en el peligro del tiempo
y alzaste para protegerla una fortaleza de chalecos y gabardinas.

Sin ayuda de ángeles, ateo fuerte: con sólo tus manos de leñador que cosían.

Sus habitantes teníamos que morir por orden de aparición.
Todas las cabezas que se amparaban en tu fuerza de niño mendigo debían morir blancas.
Y por eso medías, padre, y por eso enhebrabas, seguro de que así habría de ser, con la certeza
de un sastre que sabe que, si quiere, deja la tela, sale a la calle                                                                                 
y atraviesa de parte a parte un planeta con la aguja.

Mientras tus hijos compraban libros y pelotas tus sufilados los hacían inmortales.
A otros padres se les morían, o se les enfermaban, o se les iban para siempre,
                                                            pero entonces vos cortabas más, probabas más,
Y sentías en tus manos que, de querer irte a coser a la selva con toda tu familia detrás de tu silla
huirían los animales feroces al solo gesto tuyo de marcar con la tiza el primer casimir.

Alrededor de tu mesa no temíamos a las estrellas.
Eramos diez humanos agraciados. Eramos ricos.
Nos habíamos olvidado de la historia de Job.





jueves, 26 de diciembre de 2013

Entrega 88: 6 de febrero de 2013




Susana Villalba (CABA), Susy, secretos del corazón [1989], Ruinas Circulares, 2012.













Sé que mi petición es precipitada

yo
yo y mi
yo y mi cuerpo fuimos a esa fiesta
yo bailé
hermoso rico y poderoso rozaba mi cuerpo
mi betty boop mi reina mi descalza
mi nombre es yoni.meri yo también
fuego furia ¿fumás? fuimos a su casa
estás mojada no sé no hemos sido presentados
sumergidos suma de noches estera estambres estaba aterrorizada
profeta centinela sentí un automóvil rojo rubio el tabaco
su espalda fuerte trepaba mi caída infimos funestos café
piedras para dormir me acompañaba a casa y olvidé decírselo
las palabras son monedas clavadas a la tierra
historias de susy siempre lo he sabido
cómo explicarte hubiese cupido calendario
perdida en los andenes al día siguiente mi sombra caía del piso 29
olvidé decirle que siempre nadie y yo nunca los amores cobardes
lloraba no llegan porque los hombres etcétera
él era despiadado todo un hombre quemado de belleza
mi cuerpo gemía como un gato y lo envidié pero yo nunca
me meto en sus asuntos
dijo tu piel mi nena dame no sé qué cosa qué llave del infierno
yo hubiera declarado desplegado y estrenado un novio
hubiese dicho a mis amigas entrado en cualquier bar hubiese
hubiese vino que me matara
habráse visto tan chiquita y calentando bancos en la plaza
ay corazón si te fueras de madre
siempre la pena entra la pena y la nada
mi cuerpo roto pegado a lo sumido curioso rito de cucharas en
la mesa
sobre la mesa en la ducha él era el agua y me frotaba
belladona
dame en el centro de lo que siempre habla el espejo la sombra
del deseo era lacan sentado en mi escritorio
ah para su estudio de análisis oh para sus análisis
acababa de ver
mi cuerpo demasiado tarde dónde estuviste le decía
ay corazón si supieras ser látigo y dormir



Link del video de la presentación del libro de Villalba, que incluye sus lecturas del poema anterior y de "Según pasan los años": http://www.youtube.com/watch?v=wOx4ityeMI8





Entrega 76: 1º de febrero de 2013




Daniel Freidemberg (nació en Chaco, vive en CABA), Sonidos de una fiesta ajena. Antología personal, Ruinas Circulares, 2012.













Agradecido por el modo en que llega la luz...


Agradecido por el modo en
que llega la luz
sobre el espejo y sobre el cromo
de las canillas, ordeno la mente.
Yo estaba en un sueño donde iba a morir,
pero eso fue hace tiempo.
Ahora, despierto, en un planeta
que a ratos conozco
igual que piedra en agua espesa, caigo,
a este lugar y esta hora exactos,
o que hoja desprendida de árbol
en día de calma
(o que hoja
desprendida
de árbol
en día de calma). Atrás,
en la ventana, el mundo
a esta hora suena igual que el mar,
pero el mar está lejos, el mar no hace falta.






De tus costados no nació el amor, mi amor...



De tus costados no nació el
             amor, mi amor,
sino ahí fui a dar
como quien nombra en la noche su casa,

y no empezaba nada, en realidad, ni yo a
decir verdad, llegaba
sino algo en mí que en tu estar se juntó,
ahí duros en la guerra de vivir, y a los pedazos
por donde todavía te andaré a buscar
como en la noche con la lámpara

            y estás
igual que la noche y la lámpara
hecha de todo lo callado
y todo lo que no aprendo a nombrar
y lo que, al hacer amor, hago

para que como el agua sea el amor
que en su venir se vaya
ahora y cuando entera te extendés
como el presente entre las sábanas
y es el presente que celebro, no lo puedo creer.





Mayo (II)


Detrás de la ventana, lluvia,
y detrás de la lluvia, música nocturna
                        de bajos eléctricos
como si fuera el fin del mundo.
   Como si fuera el fin de un mundo:
sonidos de una fiesta ajena,
entre el caer, continuo, del agua,
allá, al fondo de todo, en lo negro.
    Nubes blancuzcas a la mañana en
                                     el charco, un papel
como crucificado, también blanco, en el gris, viento,
y algo en el viento, o detrás de él, o en la mente
                                                  (ruidos al fondo
de la oscuridad, el caer de un agua), y la luz:
el lento hacerse otra vez del mundo en la luz;
un lento hacerse, otra vez, y el mundo, y la luz.







miércoles, 25 de diciembre de 2013

Entrega 75: 1º de febrero de 2013





Pamela Terlizzi Prina (Adrogué, pcia. de Bs. As.), Estado de espesura, Ruinas Circulares, 2012.













Hermano


Tuve un hijo de mi madre

Mi gravidez fue la de una casa
de seis ovarios

Sin azules la casa devora
pone agujas en el algodón
deduce de una caricia
el hervor
de un perfume
el filo
de un jarro
la sed

Tuve un hijo en esa casa
lo parí en prédica
en defensa de los fantasmas
en la entrega del álgebra
de los relojes
y la vergüenza

Lo tuve y lo tengo
por sobre el verbo y el alimento
adentro y lejos

Y me reverbera la carne
que es la suya
el parpadeo lerdo
que es el suyo
las manos vueltas
ratas o palomas o caníbales
según el cielo
el ruido

Tengo un vientre mudo entre los brazos
uno que no dice nanas
uno que ciñe la niñez que guarda la memoria
la misma que flagela la verdad
un yo madre del hijo de mi madre





Hambre


                              "El terror es un conejito muy lindo,
                              da gusto poder tocarlo".
                                                 Liliana Díaz Mindurry



Caracolas negras son tripas

Hago silencio no los llamo gusanos ni moluscos
ni les digo del asco o la guerra

Me completan de seres muertos destrozados por mí
por mis dientes inescrupulosos voraces

Por cada verso un bocado
es una caída sin orillas ni abismo
un displacer redondo
una motricidad que me compele a la inocencia

Soy un rostro que no me cabe en las manos
para llorar con un quejido apenas
un cuerpo que no me cabe en el cuerpo
que crece de un silencio mudo y sólido
sordo y afiebrado

Todos los diablos del estómago me patean
cuando muero un poco
boca abajo
cuando quiero salir de mí
y empequeñecerme y decir
y que la voz suene
arda
cante






Entrega 72: 31 de enero de 2013




Enrique Solinas (CABA), en Invocaciones. Cuatro poetas en la voz del mito, Ediciones Ruinas Circulares, 2012.














Dionisos


                         “Celebro los ritos de noche.
                         Las tinieblas traen devoción.”
                                     Eurípides, Las Bacantes





                                            Címbalo, címbalo, címbalo.
                                            Címbalo, címbalo, címbalo.

Preso del horror, mi yo,
mi desposesión primera y definida,
mi carne, mis huesos y mi espíritu,
separados y unidos y vueltos a separar,
separados y unidos y vueltos a separar.
Alfa y Omega,
golpes de Orden y de Caos.
Alfa y Omega,
                      Shalóm, Elí,
Mantram,
                Quetzalcoatl.

La noche, el toro, la serpiente, la hiedra,
el éxtasis del músico,
susurro las palabras del viento,
su temblor,
las hojas que caen prematuras
desde el libro
de la sabiduría.
Aquí estoy,
de nuevo,
aquí,
cuando la piel que pide más y tanto
y otra vez,
cuando la piel que pide más y tanto.
Soy un licor furioso que penetra tu voz,
el origen del sueño.

Despedazado el cuerpo de la infancia,
lanzado a su dolor,
detrás de las estrellas,
hacia los límites
de la melancolía;

a la espera del tiempo en que las partes se unirán;
a la espera del deseo que unirán las partes.

Tu cuerpo se abre
como una sombra
que acecha.
Nunca ha de morir
quien no ha nacido.


Pequeñísimo dios,
tu espíritu fluye
y cierra las puertas de la tarde.
Cuando la razón se aleja,
cuando la locura es única razón.
Y sólo es posible pronunciar tu nombre
hasta el exceso de la carne.
Y sólo es posible continuar sin tregua
la desmesura,
                        el fulgor,
                                         la asfixia.


                                   El niño, la noche, el jardín, un ciervo,
                                              perfume de amapolas,
                                    el cirio y las muchachas que rezan,
                                       abrazadas al cuerpo del dios;
                                    su cuerpo despedazado y vivo,
                                                 niñas puras,
                                           comen su corazón.

Ojos en blanco.
Tu perfume
invade este candor.
Es el nacimiento de la dicha,
manos que acarician como puñales.
Es la libertad del vino
y la cópula
que todo calma
y colma.

                                     Danza la palabra en tu lengua,
                                             corazón de nadie.
                                          Brilla la estrella negra.

                                              Todo hombre
                                           es un toro ciego,
                                   preparado para su ejecución.

Nacido del costado del padre,
mi cuerpo hindú.
Sólo conozco el placer
que invade las ciudades.
Prometo
la dulzura del miedo,
entre mis brazos,
la belleza del crimen.
Ofrezco a quien desee
el vino de los sueños,
hasta su destrucción.

En danzas nocturnas
amaré.
Todo cuerpo
cubierto de rocío
amaré.
Amaré la noche,
la solitaria noche
de multitud reunida.
Y no alcanzarán
todas las palabras del mundo
para apagar la lluvia
del incendio.

                                                      ¿Qué magia, qué dolor,
                                              que ausencia pega en el pecho
                                                        y nos recuerda
                                                  que nada volverá a ser
                                                  como en un principio?
                                            ¿Qué perros ladran y anuncian
                                                            un final
                                                             fatal,
                                                    sin alegría ni tristeza?

Cuerpo despedazado
por la furia de la razón.
Cada parte arrojada
hacia un extremo del universo
No hay dicha, no,
sólo hay venganza.
Manos que horadan la carne
en busca de aquello que no existe.

                                                             El desvarío.

A lo lejos,
una música alucinada
surge  como rumor
que trae el viento.
Se oye leve y precisa,
cálida y fugaz,
como el abrazo de una madre
cuando despierta el hijo.

Nadie la puede oír como yo,
nadie sabe muy bien
de qué se trata.

Son las voces antiguas,
las voces nuevas,
las voces viejas
de la locura
preparadas para el amor.

Música que embriaga
hasta la noche
como el vino
que sobre los cuerpos
escancio.
Música que va diciendo,
con lentitud,
Ditirambo, ditirambo.
Ése es mi nombre ahora,
sobre la tierra árida
que espera los cuerpos
del dolor,
Este es mi nombre
ahora.

Porque yo soy un dios
y he de sobrevivir a todas las épocas,
(nada fue en vano).

Porque yo soy un dios,
mi partes volverán a reunirse,
renaceré
cubierto de gloria.

Andaré de nuevo por esta tierra
plagada de hombres injustos.
Cabalgaré la lluvia.

Y no descansaré
hasta que cada rincón
de este mundo-infierno
sea tiniebla renovada
y nos proteja con su luz.

                                            Címbalo, címbalo, címbalo.
                                            Címbalo, címbalo, címbalo.





                                                             Dionisos o acerca de la locura


             Más allá de las múltiples definiciones y funciones existentes acerca y sobre el mito, la que me guía de manera instintiva a la hora de su reescritura, es la de echar una mirada nueva sobre un concepto aparentemente anquilosado. De esta manera, el mito es una invitación para actualizar su cuerpo y proponer diferentes alternativas a lo ya establecido. Por lo tanto, el mito griego no es clásico por ser el origen de la cultura occidental, sino porque cada vez que lo leemos encontramos en él significaciones que dan sentido a nuestro mundo contemporáneo.

El mito de Dionisos, tal vez, sea el más atrayente y seductor por tratarse de un dios prohibido. Y como toda prohibición instala el deseo –al decir de Freud– quizá es uno de los mitos más recreados y citados en la historia de la literatura. Esto se debe a que Dionisos es el dios de la modernidad, ya que otorga libertad a las mujeres para que ejerzan su sexualidad. Les da inmunidad ante la concreción de un crimen, si están tocadas por el espíritu del dios. Justifica la locura del mundo con la no justificación. Prefiere la música de percusión que genera y combina el Éros y el Tánatos, oponiéndose a la armonía. Pacta con Apolo y ambos dividen el tiempo: mientras que éste habita la luz y se apropia del día, Dionisos es el Rey de la Noche, donde todo es misterio y la oscuridad favorece a lo desconocido.

El dios extranjero, el dios nacido de padre, el dios de los placeres del mundo, el dios inquietante, el Señor del Caos. Poseedor de un presente absoluto, estas son algunas de las máscaras que el hombre le dio a Dionisos como reflejo de su propia esencia. Él es aquí y ahora, porque fue y también será. Por sus acciones, ha sido castigado, su cuerpo descuartizado y lanzado hacia cada extremo del universo. Es un dios sin tiempo que resucitará cuando las partes palpitantes vuelvan a reunirse, gracias a sus seguidores que rezan para que esto suceda cada día de sus vidas.  

Por estas razones, para su reescritura, preferí la forma sin forma, errática a veces, fragmentaria y profundamente musical. Los sentidos pueden parecer crípticos, pero responden a nuevas interpretaciones y asociaciones en torno a su figura. También apelo a ciertas imágenes, símbolos y recursos de la poesía griega para intentar que el texto parezca atemporal.  Desde esta visión, Dionisos es movimiento, frenesí, y en cada fragmento se insinúa cierto aspecto del dios que creímos correcto no profundizar, para así mostrar cada faceta y que cada cual las recepcione desde su percepción.













Entrega 67: 29 de enero de 2013




Romina Freschi (CABA), Marea de aceite de ballenas, Ruinas Circulares, 2012.












inicial

las personas desfilan como pequeños fantasmas, aun cuando la cabeza resuena con algo que simula un poco más de claridad. el entretiempo. saber qué se debe hacer. pero insistir en la dilatación… dilatar la manía, la sensación conocida, no salir de ese techito de sombra conocido y ya algo meado y maloliente. el calor del desgano es el mayor pretendiente de la soledad y lame apacible ante la intemperie. atravesar el bosque para llegar al sueño parece una proeza. dormir aquí en medio de los bártulos parece ser la concentración máxima de la memoria. pero el olor y la espalda también se concentran, y se contracturan. todos son primeros pasos. vacilantes. juntar el valor, volver, revolver. juntar el valor.






inicial xiv


la suposición de la carga
una mecánica cinematográfica
producción de la carne,  síntoma y soma
someterse a la emanación virtual de un cierto pensamiento
todo confluye ahí
en esa línea poco llana, apenas narrativa, sensorial.
todas las mañanas
retozar
reflejar una bola de navidad
y una sumatoria de relaciones.







Entrega 62: 24 de enero de 2013





Jorge Ariel Madrazo (CABA), Ayer decías mañana, Ruinas Circulares, 2012.














                                      "Solo tienen sentido las cosas, si ocurren para los demás"
                                              (Dicho por el poeta Francisco Madariaga el 6 de agosto del 89,   mirando partir un tren).


Si algún secreto o sentido
         entona
el orden añil de las cosas
la inconquistable proximidad
(algún sentido o secreto entre
atroz centelleo cuchillero y
oros de relincho
    caballar)

ese secreto –o sentido– sólo
sería para los demás.

Si un brote floral una mujer un tren
alzan fervores de nocturna
             iguana
para otros lo harían
(nunca para mí)


Si esta escena descifra
cíclicos transterramientos
                      del    naranjal
queda completo el libro
                      de las Imaginerías:
Todo está en su lugar
y me abandona.

Lo mío trama un instante
              fugaz.
Parto al galope. Debo
dejar el sitio a otro
(se hace   tarde).


                                   Para el poeta Lucio Madariaga.





.    .    .    .    .    .    .    .    .






                                                     ...la muerte no era un estallido
                                                   sino una conversación, una clara evidencia...
                                                                                  Paulina Vinderman



En los últimos tiempos,
ésos del pre-morir,
él llevaba una boina marrón
escondedora del cabello amarillento y
en exceso largo     quizás
                  (no lo sé)

en los últimos tiempos sus pasos temblorosos
de gorrión
y la cuchilla de hielo del viento, al extraerlo
más luego de aquella ambulancia, en la camilla
del mal presentimiento, en el
playón desolado
bajo la noche negra y terminal
¡y el chofer nos reprochaba por el frío!

En los últimos tiempos, ésos del pre-morir
traía mi hermano el alma replegada
–sobrio bandoneón– y
en la mirada el ulular de alarma del barco
             hundido en la batalla
y manaba de su pecho la leche del que sabe
dejar,
dulce y calladito,
su silla en la escena del mundo.







martes, 24 de diciembre de 2013

Entrega 60: 23 de enero de 2013




Franco Castignani (nació en Bragado, pcia. de Bs. As.; vive en CABA),      El sueño del soldado, Ruinas Circulares, 2012.












sonata para el sueño del soldado






1. el camino


al costado de un camino
irrigado de sangre y plomo
un soldado enjaulado sueña
alistarse para una batalla


sueña el soldado
un campo de ortigas rojas
enjaula a su madre y sueña
alistarse para otra batalla


los pájaros lejanos
nutren de plomo y sangre


el pardo algodón cae


entre las ortigas una brisa
astilla el sueño del soldado






2. dice


es un camino de plomo
la sangre,


madre 






3. astillas


los ojos caen ebrios


siempre inútil la batalla
madre


el pardo algodón
sobrevuela las ortigas


la misma lluvia plomiza
combate solitario de los días






4. derrota


la tarde sube al encuentro
de otra noche


alguien vuelve al costado de un camino
donde sólo duermen


un soldado
sangre
plomo
ortigas


una brisa


y otra batalla perdida








sábado, 21 de diciembre de 2013

Entrega 25: 10 de enero de 2013




Jorge Aulicino (Buenos Aires), El camino imperial - Escolios, Ediciones Ruinas Circulares, 2012.












Dinastía Han, 194 d.C.


Bien lo dices: "Qué clase de emperador
soy que no tiene morada y habita un país en ruinas";
el entendimiento en ruinas, asimismo.
Hice dádivas,
mientras tallaba mi palacio en oro.
¿Los que invaden mi reino son pueblos justos?
¿Todos beben según su necesidad en los ásperos campamentos?
¿El líder es probo?
De nada te sirven estas preguntas.
Planta tú mismo el arroz devastado.
Únete a tu pueblo.


Naufragará en el Yang Tzé el pensamiento único.
En cada uno de los Tres Reinos
habrá una semilla de verdad.


La espada tiene término.
Donde quiera, el Espíritu soplará.
Y dirá incluso Cao Cao el poderoso:
"Aun las serpientes aladas
se convierten en polvo".






Excepto la estúpida vida


"... ed ecco il loco"


  ...y cómo de repentino azar se hace el infierno.
Y también de azahares. El que encontraste al pie
del monte, la cabeza entre las piernas,
la que apenas giró para mirarte por sobre
su muslo y te dijo: ahora, prueba subir tú.
Y aquel otro, el que te dijo: hay mejores que yo
en el arte de la iluminación; y sobre todo
el que en el fuego
te señaló con el dedo
al que iba adelante:
ese fue el mejor herrero.

Como si en el infierno y el purgatorio
todos asumieran su cruel y pura verdad,
aun vos,
diciéndote "canta", te eligieron
no te ungieron ni te destinaron, no eras Eneas
ni Pablo,
sino el que ha escuchado el rumor de voces
en la vida de arriba, y ha hallado
su sentido de turbulenta sinfonía abajo
y en las duras laderas del monte
de los aun no salvados.
Los que lloraban por amor más que por los tormentos;
los que callaron la autoconmiseración,
los que dijeron: de corazón he pecado,
entre ellos, reinando,
el que imitaba la voz de Zeus
pidiendo ayuda a Vulcano;
el que se burlaba de los de Siena,
el que se acomodaba a hablar con nostalgia
de Cerdeña junto a su paisano.
¿Somos esa morcilla de voces que arde
sobre un asador atizado por diablos de sindicato?

La zarza arde en la boca del subte.
Gotea en las cloacas un Aqueronte.
Como recintos de frío carbón apagado oscurecen
los edificios.
Y el fuego precede las obras del ingenio.
Excepto la indiferencia, todo estaba
en el infierno y en el purgatorio.
Excepto la natural desnaturalización
de lo sobrenatural,
todo estuvo previsto, para el Decamerón,
para el noticiero.
Excepto la idea vacía de idea
con que alguien se sienta
en este momento a la mesa de al lado.
Excepto la estúpida vida,
la vida en soledad, la vida no colectiva,
la vida no actual.






viernes, 20 de diciembre de 2013

Entrega 13: 6 de enero de 2013




Andrés Alvarado (Buenos Aires), El día de la lluvia, Ediciones Ruinas Circulares, agosto de 2012.














2.




                                           entonces todo se tornó desierto
                                           y aquel abismo se colmó de voces.

 





VOCES




cuerpo
que me hacés
palabra


son mis gritos
temor
a lo inconsistente?






MÍTICO


ascenso en espirales
de palabra escrita
borrado silencio


-el espacio negado
la fuerza-






DESHACER VOCES


uñas hacen lo que el viento deshace
lo que fue espejo.


breves texturas aquellas palabras otras
que fueron esquirla.


silencio de sol pernoctado
de nada fundido en.


*


melancolía perfora
vértices humanos
pieza ósea


estaca


en lo profundo.


*


qué es cuerpo
dios qué es
qué es noche
de sol alternada
en toda esta guarida
que se arroja de.


*


quietud estalla ventana
de calma pena.


las uñas tiempo
que crece
crece
crecen


¡que te calles!


*


palabra
que me hacés cuerpo.